35ª Mitja Marató Sitges 2018. La crónica y las fotos (Ay qué mal lo pasé…)

Desde que la media maratón de Sitges era una veinteañera llevo corriendo esta competición. Pero esta sin duda ha sido la edición en qué peor lo he pasado. Los últimos dos kilómetros fueron un infierno, una sensación de ir pajarico muy extrema. Llegue incluso a tener que caminar y no lo hacía porque fuera cansado. El cuerpo se paraba, mi mente no pintaba nada en la toma de decisiones simplemente decía “fins aquí nano” y se ponía a caminar. Entonces yo le volvía a arrear para que la agonía acabara cuanto antes mejor. Todo esto que estoy escribiendo no tiene sentido sin una explicación desde el principio. Ahí va la crónica.

Crónica de la 35ª Mitja Marató de Sitges

Aquí ya iba un poco pajaricoFoto JJ Vico

El día anterior de la carrera escribí esta entrada en la que me proponía poder superar mi marca del anterior año. La cosa está en que hice todo lo que estoy acostumbrado a hacer antes de una competición, cenar bien, acostarme temprano y despertarme con tiempo para poder desayunar con calma e ir sin prisas. Hasta aquí bien. Caliento unos minutos, reparto los tradicionales saludos a amigos y conocidos que siempre acabas encontrándote y dan el pistoletazo. Salgo motivado y a un ritmo bueno. Poco a poco iba haciendo colchón para acabar con mejor tiempo que el año anterior, el Garmin me lo iba chivando todo.

En el km. 6 me tomé un gel y se me fue al suelo el otro que llevaba. En el ecuador de la carrera el ritmo era bueno. Lo mejor era que en cuanto a pulsaciones y cansacio iba genial, respiraba bien y no iba fatigado. Pero pasé por el kilómetro 10 en menos de 42 minutos y me dije que quizás iba demasiado deprisa. Yo me notaba bien pero un kilómetro más tarde los músculos me dijeron que ellos iban a bajar el ritmo a pesar de lo que yo les dijera. Así lo hicieron. Empecé a perder el fuelle, durante dos o tres kilómetros más me enganché a un grupo que me fue llevando pero mis piernas me volvieron a decir que lo dejara y que mejor me enganchara a otro. Más tarde ya no eran las piernas, sino una sensación general la que me decía que me tendría que espabilar solo. Desde el kilómetro 15 esa renta de algo más de un minuto que llevaba con respecto al ritmo del año pasado se estancó y en un par de kilómetros empezó a hacerse más pequeña.

Recuerdo que fue durante el kilómetro 18 que la renta que llevaba era nula y a partir de ahí empecé a perder tiempo y abandonarme. Ya sabía que ahora de lo que había que tirar era de mente y que a pesar de que quedaban menos de 3000 metros eso ya no tenía remedio. Empecé a intentar infundirme a mi mismo optimismo, “¡Vamos! que a veces las series que haces son más largas” o “venga, que solo te queda el equivalente a cinco vueltas a la pista de atletismo”. Pero nada de eso funcionaba.

Aquí llevaba cara de “no puedo”

Pasado ya el kilómetro 19 sin saber por qué tuve que caminar unos metros y azotarme con el látigo para volver a correr. Me dije, “si caminas esto no se acaba nunca” Me arrastraba a un ritmo que superaba los 6 minutos por kilómetro y no dejaba de perder posiciones. Me encontré con mi mujer, que me echó una foto, le dije, “¡No puedo!”. El estado de consciencia era el de un zombie. Me surgía la duda de si parar y buscar una ambulancia o de arrastrarme a la meta con la duda real de si lo conseguiría.

Aquí estaba acabando con todo el avituallamiento

Al final no sé como lo hice, pero llegué. Paré unos cinco metros antes de entrar a meta. Me comí no sé cuantos trozos de naranja, un compañero del Gavà Triatló me dio un gel, me comí no sé cuantos plátanos y recuperé el color de la piel. Me dijeron que estaba muy blanco. Y al final llegué por debajo de 1:35 que dependiendo a quien se lo digas te dirá que no está tan mal. Y razón no le falta…

Conclusión

Pues que queréis que os diga. Que a pesar de haber pasado el calvario que pasé no estuvo nada mal. Disfruté de la tortura y me regodeé en mi masoquismo. Aunque confieso que pienso esto a toro pasado. En el momento no lo pasaba bien, pero en el fondo fue divertido. Nunca había sentido nada igual ni lo había pasado de esa manera. Había estado cansado pero no había tenido esas sensaciones. Quizás forcé demasiado fuerte durante la primera mitad, o no. Sinceramente no sé determinar la causa de esa pájara. Pero sin duda saco una enseñanza de todo ello y mi cuerpo ha asimilado otras sensaciones que antes no había sentido. No he hecho marca ni cumplido mi objetivo pero he aprendido una buena lección.

La próxima media en casa, en Gavà. A intentarlo de nuevo.

Deja un comentario

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *