Crónica: 10K de Zaragoza 2014

Seguimos recuperando a pasos de grillo entradas retrasadas. Ahora que voy a tener algo más de tiempo libre.
Ahí va la crónica de una de las carreras que me ha hecho más feliz. No por la distancia, sino por haberlo hecho al lado de Lydia. ¿Quien se lo iba a decir? Meses de entreno, buenos propósitos y una progresión que va desde la caminata a paso de caracol, pasando por la velocidad absurda hasta el sostenimiento de una carrera de ritmo constante y mantenido. He sido muy feliz compartiendo su objetivo y acompañándola siempre que he podido. En entrenos, bajones, dudas, consejos, sudor y esfuerzo. Se culmina una primera parte del camino que nos va a llevar juntos a cumplir mucho de sus otros objetivos futuros. Ya nos los estamos subastando en términos de “molaría”, “ahora vamos a por”, “lo próximo será”… Así que ya os iremos contando.
Crónica
Con los deberes hechos ya. Sin nervios de no ser capaces de conseguirlo. Las únicas dudas eran sobre el tiempo que íbamos a hacer, pero los entrenos de test que habíamos hecho ya nos hacían tener una idea del arco de tiempo que necesitábamos para llegar a meta. Y lo cumplimos: 1:10 horas que solo pueden mejorarse a partir de ahora.
Era impresionante la cantidad de mujeres corredoras que se dieron cita. Nosotros estábamos los 4 de siempre: David, Azucena, Lydia y un servidor que hemos entrenado juntos durante muchas semanas para el día de hoy. Y todos con el mismo sentir: “En poco más de una hora ya seremos felices de haberlo conseguido”. Pero antes quedaba sufrir.
Empezamos juntos y al poco Azu y David se avanzan unos metros. Siempre a la vista, pero ahí estaban. Lydia y yo, al ritmo pactado y en progresión. Los primeros tres se pasan cómodos. El entreno se nota y que lo hemos hecho bien también. Vamos en barullo. Ni solos ni delante, en nuestro sitio. A Lydia se le hace duro del 3 al 4 y hasta el 5. Iba con mucha sed. Necesitaba beber y estábamos a poco del avituallamiento que finalmente llega y le da la vida. 

Seguimos a ritmo pasado el ecuador y cada vez queda menos. Hay momentos de flaqueza hasta el 8, pero a falta de 2 kilómetros subidón que entra y empezamos a avanzar a gente y eso motiva. Lydia sube el ritmo sin calcular sus fuerzas hasta los últimos 500 metros donde se le acaban. Pero hay que seguir. Hay que dar el “fua” y así, tras caminar unos metros, vamos a por todas que ya se oye el murmullo de la meta.
Una última curva traicionera que nos lleva a un bucle de 100 metros que nos aleja de meta y nos vuelve a acercar. La recta final se hace sola y hemos conseguido el objetivo. Todo clavado y bajo control casi siempre. En lo previsto. 
Ser feliz haciendo deporte en pareja hay que experimentarlo, porque lo que es explicarlo por escrito o a viva voz todavía tengo que aprender a hacerlo.
Y seguimos y seguimos con nuevas metas en la cabeza y grandes planes deportivos para los dos.

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