Crònica: 54 Behobia-San Sebastián 2018, otra más a la saca, sufriendo en los pies

Es raro pero de vez en cuando cumplo lo que digo. En mi crónica de la Behobia – San Sebastián del año pasado escribí que repetiría, que me lo pasé muy bien y que volvería a correrla. Así ha sido. En esta ocasión he corrido sin la compañía de Paco que estaba lesionado pero que no faltó a la cita. Además esta vez nos lo montamos en familia y disfrutamos del buen clima que nos hizo, no como el pasado año. Repetimos también el espectacular homenaje gastronómico en la Sidreria Gaztañaga de Andoain. Y lo dicho, todavía hay más ocasiones pendientes en el futuro, seguro.

54 Behobia San Sebastián 2017. La crónica y las fotos

En Kursaal disfrutando del público

Este año llevaba muchas horas de entreno de carrera menos que el año pasado y eso se notó. Pensé que el tiempo, bastante más benigno que la última vez, me iba a hacer bajar el crono mucho más de lo que lo hizo. Pero la carrera fue dura y dolorosa.

Me las daba yo muy alegres cuando me propuse llegar a meta en una hora y media. Ese fue el ritmo que le puse a mi «virtual partner» del Garmin para que me llevara. Los primeros kilómetros, a pesar de la subida a Irún fueron bien y el ritmo, que no era el esperado durante los primeros cinco kilómetros, iba aumentando. Pero a medida que me aproximaba al ecuador de la carrera notaba que mi eficacia no aumentaba. No conseguía ir más deprisa. Así que puse el piloto automático para intentar conservar el ritmo a 4:45.

En la larga recta que nos acerca a Errentería pensé que iba a poder correr más rápido pero una vez en la ciudad empecé a notar como la presión en el pie aumentaba. Las plantillas me apretaban mucho y kilómetro a kilómetro la molestia subía y el ritmo disminuía. Pensé que los últimos 5 kilómetros se me iban a hacer eternos, que incluso tendría que caminar.

Por suerte esto es la Behobia… y ahí la personalidad de la carrera fue la que me empujó hacia la meta. La cantidad de público que había a lado y lado de la carretera me llevaba en volandas. Lo habréis escuchado muchas veces, y suena a tópico, pero sorprendentemente gracias al ambiente y a los ánimos de la gente a los corredores todo se empezó a hacer más llevadero una vez dentro de Donosti. Los dos últimos kilómetros fui con el vello de punta, a pesar del dolor de pies por mi cabeza solo pasaba el ir hacia adelante. El giro y el paso por el puente del Kursaal y sobretodo la larga recta a meta del Boulevard fueron lo más. Supongo que por no poder explicarlo me tendré que conformar con quedarme con esas imágenes y sensaciones guardadas en mi mente para mucho tiempo. Estaba deseando llegar a meta, los pies me estaban reventando, pero al mismo tiempo estaba disfrutando al máximo de cada metro y del ambiente y no quería que acabara. Me sentí muy afortunado. Aun quedan más.

Entré en 1:37:22, algo más de un minuto más rápido que el año pasado.

Entrando contento a meta