Crònica: XXI Mitjà Marató de Gavà 2016, faltan kilómetros

Ahí entro, justo detrás de Jordi, con un lado del bigote para arriba y otro para abajo

Me encantó correr en Gavà. Me encantó salir directamente de casa calentando y con la línea de salida a 300 metros. Era como salir a entrenar. Poder descansar más, desayunar mejor y esperar a que me piquen para bajar, como cuando éramos niños.

Hago el calentamiento con amigotes y compañeros echando unas risas, intentando saber qué ritmos de carrera serían los adecuados. Este mes de febrero había entrenado poquísimo, sin embargo tampoco estaba nervioso porque sabía que acabaría la carrera y que había bagaje como para aguantar.

Dan la salida y junto a mi compañero de fatigas Paco empezamos a marcar un ritmo entre 4:30 y 4:40 durante varios kilómetros. Me sorprende y me anima el hecho de encontrarme muy cómodo a esa velocidad, demasiado. Hubo momentos en los que no pasaba ni tan siquiera del 70% de pulsaciones así que hacia el ecuador de la carrera decido dejar a mi compañero y avanzar un poco más rápido.

La realidad, en el fondo era otra. Después de adelantar varios puestos, el objetivo empieza a ser evitar ir más lento en lugar de correr más rápido. Se nota la falta de kilómetros en las piernas. Me encuentro con Jordi, con el que hacía mucho que no coincidía, y me coloco a su ritmo a ver si así tengo la comodidad que empiezo a perder hacia el kilómetro 14.

No lo había dicho pero llevaba arrastrando un dolor en el hombro derecho fruto de malas posturas mientras duermo que me llevaba matando durante toda la semana y corriendo ese dolor se acentuaba. Así que ya tenía una cosa más con la que fustigar mi ánimo y las fuerzas.

Los últimos cinco kilómetros, desde la playa de Gavà hasta el pueblo se hicieron duros, por la fatiga y por el viento. Fueron éstos los que me hicieron bajar la media. Pero ahí aguanté. Ahí volví a sentir lo que es disfrutar con el sufrimiento en una competición. Ahí veía como me iba comiendo tramos, marcándome pequeñas metas a cada zancada.

Llegar a los últimos metros, ver la pancarta con la palabra mágica “META” y volver a sentir esa sensación, ese cosquilleo en el estómago, ese momento en el que ya no se sufre, se cruza esa línea y se descansa.

Estoy muy contento porque a pesar del tiempo final, 1:41:26, sé que tengo un gran margen de mejora. Casi la mitad de la carrera estuve trotando a ritmo cómodo y solo me puse a sufrir en los últimos kilómetros. Estas reentradas a las competiciones me están sirviendo como los tests perfectos para darme cuenta que, a pesar de las circunstancias, tampoco estoy tan mal y le saco todo el partido a lo poco que puedo entrenar.

Era el primer medio maratón desde la edición de Sitges del año 2013… Así que no está mal.

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