La fauna del cloro o las personas que nadan.

En esa meta mía recurrente año tras año de darle duro a la natación, estoy en una racha muy regular de acumulación de sesiones que espero que dure mucho. De momento ahí sigue. Y en esas que para evitar las aglomeraciones en los carriles de la piscina voy testeando acudir en distintas franjas horarias para adivinar en cual de ellas hay menos gente y nadar más a gusto. 
Nadar es uno de los deportes más completos y menos lesivos que se pueden practicar. Todo el mundo ha escuchado aquello de “nadar va bien para todo”. Es por eso que al ser un deporte tan intergeneracional y recomendado para todos da pie a que se suela coincidir siempre con distinta fauna que se mueve, contorsiona, nada, flota, bucea y existe en los distintos carriles. Es la fauna del cloro. A saber:
1. La divina senectud: Nunca fallan. Da igual que vayas a la piscina por la mañana temprano cuando abren, a la hora de la siesta, al cerrar. Siempre te encontrarás señoras y señores mayores nadando. Algunos no nadan, sinó que se mueven como amebas, como medusas o como bolsas de plástico arrastradas por la corriente. A veces ocupan todo el ancho del carril sobretodo si nadan espalda. Muchos usan churros o cinturones de flotación. Otros van sin gafas y con la cabeza fuera del agua. Suelen parar en el borde largo tiempo entre piscinas. Les gustan los gorros de tela y el mismo bañador que usan para ir a la playa. Su posición en el agua cuando avanzan a veces adopta una postura más cercana a la verticalidad que a la horizontalidad.
2. Los escolares: Cursillos de niños y niñas de todas las edades escolares, fuera o no de ese horario. Nadan con mucha frecuencia de brazada y patada. Algunos seguro que se mean en la piscina. Muerden las tablas, los pulls y los churros. Siempre hay dientes marcados en ellos. Nunca salen del agua por las escaleras. Corren por fuera. En la fila no se saben estar quietos. Se dan en la cabeza con las tablas o se molestan con los churros. Gritan en lugar de hablar. Sus monitores y monitoras también. Su estilo de nado favorito es el del perro y saltar al agua de palillo. Tragan agua y tosen.
3. Los de los cursillos: Suelen estar compuestos casi siempre por mujeres de mediana edad entre las que se cuela algún señor. Hay distintos niveles y sus detalles característicos en el estilo son muy variados desde el punto de vista individualizado. Sus monitores les hacen ejercicios muy variados y divertidos. A veces con música. Suelen aprovechar las clases para relacionarse y hablar mucho, cuanto más se hable mejor. Llegan con mucha antelación a las clases para hablar y al acabar la clase a veces se van a tomar juntas un café para seguir hablando.
4. Los picaos: En su mayoría hombres y chavales jóvenes que no suelen ir a la piscina con regularidad. Pueden venir solos o en grupos de hasta tres personas. Se pican entre ellos o con los que tienen en las calles de al lado en una especie de carrera no declarada. Pero cuando llevan unos 25 o 50 metros se paran mucho rato en el borde para respirar. Al final casi están más tiempo parados que nadando a ráfagas. Después se van a la zona de los chorros o a la de spa si la hay. Muchas veces usan el mismo bañador que el de ir a la playa.
5. Los motivaos: A veces vienen con su sesión preparada en un papelito. Suelen ir solos para que no les moleste nadie o como mucho con alguien que vaya a lo mismo que ellos: A entrenar y no a pasar el tiempo. Son de los pocos que usan el segundero de colores de las piscinas. Hacen muchas series y tienen un estilo más depurado que los de su alrededor pero si no fuera por esa motivación en realidad podrían encajar en cualquier otro grupo o simplemente no irían a nadar. Se paran poco. Es de los que suelen hacer ejercicios de calentamiento y estiramiento. Los demás nadadores pueden percibir a estos deborapiscinas como un estorbo porque no dejan de doblarles y eso puede hacerles sentir incómodos.

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