Ya llega la vendimia, pedaleando entre viñedos, apurando los últimos días

La vendimia está al caer. Los viñedos del Penedès huelen a uva fermentada. Los remolques de los tractores descansan en las puertas de casas y masías. Los racimos esperan  lo inevitable y yo, al igual que ellos, también apuro mis últimos días, pero de las vacaciones. Avanzan sin detenerse hacia el temido 1 de septiembre. Consumo las pocas siestas que me quedan, las horas libres y las últimas salidas en bicicleta. Todavía no es momento de hacer encaje de bolillos para poder entrenar.

El calor debería empezar a ser menos intenso pero no lo es. Los días se acortan por la tarde y las noches se alargan por las mañanas. Son esas semanas en que hay que empezar a replantearse como será la entrada al nuevo curso, qué proyectos quedaron aparcados y hay que reemprender o cuales veré nacer. Son horas para replantear la temporada deportiva, hacer nuevos horarios y pensar en buenos propósitos.

Llega la vendimia, se acaba el verano. Empieza un nuevo curso y vuelvo al punto de salida, aunque sin empezar de cero y con las ilusiones y las ganas renovadas.

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