La ducha hay que ganársela

Contando las veces que me ducho podría decir que el 95% de las veces que lo hago es porque antes he hecho deporte. Hacerlo casi a diario conlleva una consecuencia higiénica que los que no están atrapados en las garras del placer de las endorfinas solo podrán experimentar en contadas ocasiones: la hora de la ducha después del entreno. La mejor recompensa al esfuerzo y responsable de que se graben en nuestra memoria pequeños detalles que solo se viven ahí, y no hablo de las charlas y las risas con los compañeros de vestuario, que también, sinó de sensaciones personales. A veces esos detalles empiezan a disfrutarse desde mucho antes, como cuando estamos deseando acabar la sesión o la carrera y nos animamos pensando en la ducha homenaje que nos vamos a dar al llegar.

¿Qué me decís cuando aún agotados empezamos a sentir el agua, salada por el sudor, empezar a resbalar por la cara? O cuando nuestros pies o manos empiezan a entrar en calor después de una gélida sesión outdoor. Ese efecto relajante del agua fría en los músculos aún hinchados, la caliente que calma la respiración, que relaja y disminuye las pulsaciones. La que sale a casi 50ºC en pleno invierno, ducharse después de llegar manchados de barro, empapados por la lluvia. Sentir el agua resbalar por el cuerpo y pensar en ese pedazo de sesión de series que nos hemos metido entre pecho y espalda, hacerse un masaje en los gemelos o cuadriceps aprovechando que los enjabonamos, la fresquita de veranos infernales… Y cuando nos secamos ¿Qué? Ponerse ropa cómoda o el pijama y vaguear lo que quede de día…

Esas sensaciones que deja la post-ducha es el colofón final. A veces puede sobrepasar la mera consideración higiénica y convertirse en el premio que nos ganamos después del entreno o la competición. Pequeña recompensa que muchos creemos que hay que ganársela para disfrutarla.

Un comentario en «La ducha hay que ganársela»

  • el 4 marzo, 2013 a las 20:38
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    Yo no sé porque pero los días que más me gusta es cuando termino un entreno con lluvia, es una autentica recompensa.

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